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Un Serio Problema Social-

Jorge Garaventa

Diario Clarín

El maltrato y la humillación pública hacia la niñez es un fenómeno que lejos
de estar en retirada se consolida obscenamente en lugares de esparcimiento
tales como clubes, restaurantes, centros de compras, espacios para la
diversión infantil y familiar u otros sitios similares.
No es extraño ver naturalmente en esos lugares a padres y madres insultar y
golpear a sus hijos con el doble perjuicio de ejercer violencia contra
alguien débil e indefenso y someterlo a la humillación pública por el
castigo o la desvalorización que se ejerce sobre el niño.
La legislación argentina es taxativa al respecto. Incorporada a la
Constitución Nacional, la Convención Internacional por los Derechos del Niño
rige como ley de nuestro país y condena y castiga a quien ejerza maltrato y
castigo de cualquier índole contra la niñez, sea cual fuere el grado de
relación o parentesco que el adulto tenga con el niño.
El interés superior del niño y su protección integral está por encima de
cualquier otra disposición por lo cual cualquier agresión que sufriera
obliga a los testigos a actuar legalmente en su defensa. O sea, si de
maltrato a la niñez se trata no hay asuntos privados que valgan.
No obstante hasta hoy la naturalización de este tipo de situaciones se
impone holgadamente ya que la tradición patriarcal determina que los niños
son propiedad de los adultos, mas generalmente padres, madres, abuelos, tíos
o hermanos mayores y por lo tanto cualquier intento de intervención para
neutralizar la agresión suele ser caratulado como intromisión en la vida
privada de la familia.
Tanto las autoridades como los responsables de espacios públicos que no
vacilarían en actuar con energía si alguien enciende un cigarrillo en un
espacio cerrado, suelen mirar con indiferencia o complacencia el maltrato
que un adulto ejerce hacia un niño.
Desde "los únicos privilegiados son los niños" en adelante, nuestro país ha
ejercido liderazgo en slogan que proclaman la preocupación por la protección
integral de la niñez acompañados con sanciones ruidosas de legislaciones de
vanguardia. No obstante socialmente poco o nada se ha avanzado para detener
el flagelo.
Y eso sin tener en cuenta la indefensión que rodea a un niño abusado
sexualmente que es otro tema tanto o mas grave que el que aquí nos ocupa.